Apunte sobre publicidad, según Frèdèric Beigbeder.

Cultura
Ilustración de Mustafa Soydan
Ilustración de Mustafa Soydan

En su libro 13,99, el francés Fredereic Beigbeder hace una potencial crítica a la historia de la publicidad, evolución, trucos y al control que ejerce sobre la población. Temas sabidos por todos, pero que en la novela son manejados con gran precisión y gran elegancia. Haciendo un devastador análisis de cómo nos manejan y los estímulos que no vemos, ni percibimos pero cuyos resultados vivimos.

Beigbeder, presenta a Octave Parango quien es considerado, en la novela, una estrella de la publicidad, uno de los mejores creativos con que la empresa cuenta para sus campañas, pero página a página, te lleva una profunda  disección en los mecanismos de las agencias de publicidad y las patologías de las empresas que contratan los servicios de éstas.

El escritor y crítico literario Juan Francisco Ferré, dice: “Beigbeder era un exitoso publicista hasta que esta espléndida novela, escrita con plena conciencia del riesgo de publicarla, le granjeó la enemistad doctrinal y la expulsión del seno de la secta más poderosa del momento. Me refiero, por descontado, a la religión de la belleza consumista y el espectáculo totalitario, la plutocracia deseísta, como denomina Beigbeder, citando al filósofo Sloterdijk, a este subproducto del triunfo incontestable de la razón cínica sobre el orden social.”

En una de las páginas del libro Beigbeder escribe sobre su personaje:

“ De todos modos, le había llegado la hora de cambiar. Era un producto excesivamente años ochenta, con su coca, sus trajes negros, su pasta y su cinismo de pacotilla. La moda había evolucionado: ya no se llevaba hacer ostentación de tu éxito y de tu trabajo sino fingir ser pobre y tener pinta de vagabundo. En los primeros años del nuevo siglo se imponía la discreción. Los estajanovistas profesionales intentaban, por todos los medios, dar la impresión de estar en paro y de no tener un duro. Se acabó el estilo Séguéla-escandaloso-moreno-sibarita-vulgar y los anuncios con persianas venecianas o un ventilador de techo filmados por Ridley Scott. Como todo, la publicidad también ha tenido sus modas: en los años cincuenta fueron los juegos de palabras con retruécano; en los años sesenta, la comedia; en los años setenta, las bandas juveniles; en los años ochenta, el espectáculo; en los años noventa, la disonancia. Ahora había que llevar un viejo par de Adidas, una camiseta Gap agujereada, unos tejanos Helmut Lang sucios, y retocarse la barba todos los días para dar la impresión de llevar una barba de tres días. Había que llevar el pelo grasiento, descuidado, gorro, y poner cara de pocos amigos, como en la revista Dazed & Confused, y vender spots en blanco y negro en el que unos desgarbados anorexicos tocaban la guitarra con el torso desnudo. (O bien limusinas que, a cámara lenta, circulaban sobre un fondo verdoso con colores saturados y unos chicos puertorriqueños jugando a voleibol bajo la lluvia.) Cuanto más monstruosamente forrado estuviera uno (con Internet las fortunas habían añadido tres ceros a su monto), más indigente tenía que parecer . Todos los nuevos millonarios llevaban zapatillas deportivas podridas…”

La publicidad de Motel 6, lo explica mejor: 

http://vimeo.com/40278047

La publicidad de Channel es irrefutable a las palabras de este escritor:

Trailer de la película 13,99, llevada al cine en el 2007 por el director Jan Kounen.

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